Viajar como un local

Viajar solo por primera vez: 25 claves para sentirte seguro y disfrutar de verdad

La primera vez que alguien viaja solo no tiene miedo de que le pase algo: tiene miedo de aburrirse. Van las dos cosas, en el orden en que hacen falta y sin un solo «ten cuidado».

12 min de lectura

Una viajera se aleja por un paseo nevado de Múnich arrastrando una maleta, entre árboles y farolas.
Promenadeplatz, Múnich. Ir solo no es ir perdido.Foto: Jules Verne Times Two · CC BY-SA 4.0

La primera vez que alguien viaja solo no tiene miedo de que le pase algo. Tiene miedo de aburrirse, de comer mirando la pared, de no saber qué hacer un martes por la tarde en una ciudad donde no conoce a nadie. Lo de la seguridad viene después, cuando la familia pregunta.

Este artículo va de las dos cosas. Son 25 recomendaciones concretas, en el orden en que hacen falta: primero elegir bien, luego preparar, luego llegar, y solo entonces lo que se hace estando allí. Ninguna es «ten cuidado».

Cinco pasos en línea: elegir la ciudad, preparar papeles y dinero, llegar de día con el traslado cerrado, avisar a alguien de dónde estás y salir a una actividad con objetivo.
El orden importa más que la lista: cada bloque resuelve el anterior.

Elegir el primer destino

El primer viaje solo se disfruta o no se disfruta casi antes de salir, en la elección del sitio. No hay destinos «para valientes»: hay destinos que perdonan los errores de principiante y destinos que no.

  1. Elige una ciudad con transporte público denso. No por comodidad: porque un metro que pasa cada cinco minutos hasta medianoche significa que ningún plan te deja tirado, y eso quita más miedo que cualquier consejo. Lisboa, Viena, Praga, Budapest, Tokio o Berlín valen; una isla donde todo se hace en coche de alquiler, para el primer viaje, no.
  2. Que puedas leer los carteles. Un alfabeto que descifras —aunque no entiendas el idioma— cambia por completo la sensación de control: sabes qué andén es el tuyo y qué pone en la puerta del baño. Si te apetece un destino con otro alfabeto, mira antes si el metro y las estaciones están rotulados también en el tuyo. Muchos lo están.
  3. Una sola base, de cuatro a siete noches. La tentación del primer viaje es meter tres ciudades para «aprovechar». Es justo al revés: cada cambio de ciudad es una llegada nueva, con su equipaje, su transporte y su orientación desde cero, y esas son las horas que más cansan cuando vas solo, porque no hay nadie con quien repartirlas. Si te sabe a poco, deja un día para una excursión de ida y vuelta.

Si estás dudando entre destinos concretos, en nuestra página de destinos están ordenados por continente, y las guías de cada uno cuentan qué se tarda en moverse por dentro.

Preparar el viaje

  1. Reserva la primera y la última noche; deja el medio abierto. La primera porque llegar sin alojamiento a una ciudad desconocida, cansado y con el móvil al 12 %, es el peor momento posible para decidir. La última porque el día de la vuelta se planifica solo con el vuelo, y siempre acaba siendo el más caro. En medio puedes improvisar sin coste.
  2. Haz el presupuesto por día y súmale un 20 %. No un 5 %. Viajando solo pagas la habitación entera, el taxi entero y la botella de vino entera: el coste por persona de un viaje en solitario es entre un 20 y un 40 % más alto que el mismo viaje entre dos, y eso no es imprevisión, es aritmética. Cuenta alojamiento, transporte interno, dos comidas fuera al día y una entrada, y verás salir un número mucho más realista que el del vuelo.
  3. Contrata un seguro y guarda su teléfono de asistencia 24 h. Lo que importa de una póliza no es el número grande de la portada: es si cubre asistencia médica en el destino y repatriación, y si tiene un número al que llamar en tu idioma a las tres de la mañana. Apunta ese número en el móvil y en un papel — si el problema es que te han robado el móvil, la póliza en la nube no te sirve de nada.

Documentación y dinero

  1. Comprueba la vigencia del pasaporte contra la regla de los seis meses. Muchos países exigen que el pasaporte siga siendo válido seis meses después de la fecha de salida, no el día de entrada. Es el motivo más tonto por el que alguien se queda en el mostrador de facturación. Míralo hoy, no la semana de salir: renovarlo lleva su cita previa.
  2. Copias en tres sitios: papel, móvil y tu propio correo. Una foto del pasaporte, del visado si lo hay, del seguro y de los billetes. En el móvil, en una carpeta descargada (no solo en la nube). En papel, doblada en un bolsillo distinto de donde va el original. Y enviadas a tu propia dirección de correo, que es lo único que sobrevive a perder el móvil y la cartera.
  3. Dos medios de pago de bancos distintos, guardados separados. Una tarjeta en la cartera y otra en el fondo de la mochila, del banco de al lado. El bloqueo por «uso sospechoso en el extranjero» es mucho más frecuente que el robo, y la única defensa es tener otra tarjeta que no comparta el mismo sistema antifraude. Avisa a los dos bancos de las fechas del viaje.

Truco: saca algo de efectivo local en el aeropuerto de llegada, pero solo lo justo para el primer día. Los cajeros de la terminal casi siempre cambian peor que los del centro, y llegar con cero efectivo a un sitio donde el bus del aeropuerto no acepta tarjeta es un mal comienzo.

Dónde dormir y cómo llegar

  1. Elige el alojamiento por cómo se llega, no por el precio por noche. Abre el mapa y traza el camino real desde la estación o el aeropuerto: cuántos transbordos, a qué hora deja de haber transporte, y cómo son los últimos 300 metros a pie. Veinte euros de diferencia por noche no compensan tres taxis nocturnos ni un paseo que no te apetece hacer.
  2. Lee las reseñas del último año, y busca las de quien iba solo. Las fotos son de la reforma de hace seis años; las reseñas de hace dos meses son del sitio de ahora. En el buscador de reseñas escribe «solo», «sola» o «solo traveller»: quien viajó solo cuenta cosas que a una pareja no le hacen falta, como si la recepción está atendida de noche o si el barrio cambia a partir de las once.
  3. No llegues de noche el primer día. Es la recomendación que más veces se salta la gente por ahorrar treinta euros en el vuelo, y la que más veces se lamenta. Llegar de día te da luz para orientarte, comercios abiertos y transporte funcionando. Si el vuelo barato aterriza a las 23:40, calcula el taxi que vas a necesitar y vuelve a comparar precios.
  4. Si tienes que llegar de noche, deja el traslado cerrado y la dirección en papel. Reserva el transporte desde el aeropuerto antes de salir de casa, y lleva la dirección del alojamiento escrita en el idioma local, en papel, además de en el móvil. Un taxista que no habla tu idioma entiende una dirección escrita; no entiende una pantalla apagada.

Moverte por la ciudad

  1. Taxi con contador, o app que enseñe matrícula y conductor. Y en la app, usa la función de compartir el trayecto: manda el enlace a alguien antes de subirte. No porque vaya a pasar nada, sino porque el gesto cuesta tres segundos y elimina la conversación entera sobre si el taxi era legal.
  2. En transporte nocturno, siéntate donde haya gente y personal. En un tren nocturno, cerca del revisor o del vagón cafetería. En un autobús, en la mitad delantera. En un metro vacío, en el vagón donde vaya el conductor. Es una decisión de dos segundos que no cambia tu viaje en nada y que descarta la mayoría de las situaciones incómodas antes de que existan.

Sin alarmismo, y esto importa: viajar solo no es más peligroso que viajar acompañado. Lo que cambia no es el riesgo, es que no hay nadie que se dé cuenta por ti. Por eso las recomendaciones de esta lista no van de evitar sitios, sino de dejar rastro: alguien que sabe dónde estás, una copia de tus papeles, un plan para la noche. Con eso hecho, se sale a la calle igual que en casa.

Que alguien sepa dónde estás

  1. Comparte la ubicación en vivo, con hora de caducidad. Tanto Google Maps como el iPhone permiten compartir la posición durante un rato determinado con una persona concreta. Actívalo para los desplazamientos largos y para las noches, no las veinticuatro horas: una ubicación permanente se ignora a los dos días, y una que llega con un «hasta las 2:00» se mira.
  2. Deja un itinerario escrito en manos de alguien. Un documento con las fechas, las direcciones de los alojamientos, los números de vuelo y el teléfono del seguro. No hace falta cumplirlo: hace falta que exista, para que si alguien tiene que buscarte no empiece por preguntar en qué ciudad estabas.
  3. Un mensaje al día a la misma persona. Aunque sea una línea y una foto. Es la forma más barata de que, si un día no llega, alguien lo note el mismo día y no tres después. Y de paso quita a tu familia la ansiedad que, si no, acaba llegándote a ti en forma de doce llamadas perdidas.

Sin conexión y sin batería

  1. Descarga el mapa, el idioma y los billetes antes de salir del wifi. La zona de la ciudad en Google Maps «sin conexión», el paquete del idioma en el traductor, y los billetes en PDF en el almacenamiento del teléfono, no en un correo que hay que abrir. Añade una batería externa cargada. El móvil viajando solo no es una comodidad: es el mapa, la cartera, el billete y el teléfono de emergencia a la vez.

De esto va, entero, el artículo sobre usar el móvil como única herramienta de viaje: qué descargar, en qué orden y qué llevar en papel de todos modos.

Las estafas de siempre

  1. Busca las tres estafas típicas del sitio antes de ir. Literalmente: el nombre de la ciudad y «scam» o «timo» en el buscador. Cada sitio tiene las suyas y se repiten durante años: la pulsera que te atan en la muñeca, el taxi con el contador «estropeado», la petición de firma para una ONG que acaba en cartera abierta, el amable que te avisa de que el museo está cerrado y conoce otro. Leerlas una vez las vuelve inofensivas, porque las reconoces a la primera frase.
  2. Paga con cambio pequeño y no abras la cartera entera. Lleva los billetes grandes en un sitio y el gasto del día en otro. No es para que no te roben: es para no enseñar en cada café cuánto llevas encima. Y en un cajero, elige uno dentro de una sucursal antes que uno en la calle.

Conocer gente y comer solo

Esta es la parte que de verdad preocupa, aunque no se diga en voz alta.

  1. Apúntate a una actividad con un objetivo concreto, no a «conocer gente». Un free tour, una clase de cocina, una excursión de un día, un partido, una cata. La diferencia es enorme: en una actividad con objetivo, hablar surge solo porque hay algo de lo que hablar; en un plan cuyo único fin es socializar, la conversación empieza de cero y cuesta el triple. Una al principio del viaje, además, te da un puñado de recomendaciones locales para el resto de los días.
  2. Come en la barra, y a la hora local. Comer solo en una mesa para cuatro es incómodo; comer solo en una barra es lo normal en media Europa. Ve a la hora a la que come la gente del sitio —que casi nunca es la del turista— y llévate algo que leer si te apetece. Y si la ciudad tiene mercado, un mercado a mediodía resuelve la comida y la sensación de estar solo a la vez.

Sobre esto último hay un artículo entero: las tres primeras horas en una ciudad, que empieza justamente por el mercado.

Si viajas siendo mujer

No hay una lista distinta de consejos «para mujeres»: hay las mismas, más una capa de decisiones que muchas viajeras ya toman en su propia ciudad y que conviene no tener que improvisar en una desconocida.

  1. Decide antes de salir tus reglas de la noche, y no las negocies sobre la marcha. Una hora a la que vuelves, un límite de lo que bebes fuera, un trayecto de vuelta ya pensado (qué línea, qué parada, o directamente taxi) y una frase de corte aprendida en el idioma local para cerrar una conversación que no te apetece — un «no, gracias» rotundo funciona en todos los idiomas y no necesita explicación. Tenerlo decidido de antemano evita el momento en que hay que decidirlo cansada, tarde y con alguien delante. Y no dudes en cambiar de acera, de vagón o de bar sin dar ninguna justificación: no le debes cortesía a nadie.

Dos cosas prácticas más: en los alojamientos, mira si la recepción está atendida de noche (no todas lo están, y eso se pregunta antes de reservar); y guarda el número de emergencias local en los favoritos del teléfono, para poder llamar sin desbloquear ni buscar.

La ansiedad, y qué hacer si algo pasa de verdad

El primer día de un viaje en solitario casi todo el mundo tiene un rato malo. Suele llegar a media tarde, con el cansancio del vuelo, y se parece bastante a «qué hago yo aquí». Es normal, dura poco y hay dos cosas que lo acortan: planificar solo la primera mañana —una sola cosa, a una hora concreta— y salir a caminar sin destino durante una hora. Lo que lo alarga es quedarse en la habitación mirando el móvil.

Y si de verdad pasa algo:

  1. Ten tu plan de emergencia escrito antes de necesitarlo. Cuatro datos en una nota, en papel y en el móvil: el número de emergencias del país (el 112 funciona en toda la Unión Europea y en bastantes países más), el teléfono de asistencia de tu seguro, la dirección y el teléfono del consulado o embajada de tu país en el destino, y un contacto de casa marcado como tal. Si te pierdes o te quedas sin batería, la regla es entrar en un sitio con gente y personal —un hotel, una estación, una cafetería grande— y pedir ayuda ahí, no seguir andando.

Para las tres emergencias de viaje más frecuentes —un vuelo cancelado, una maleta que no aparece o un pasaporte robado— hay un protocolo paso a paso en este otro artículo, con los plazos y lo que hay que conservar.

La checklist final

Antes de salir de casa

  • Pasaporte válido seis meses después de la vuelta.
  • Copias de papeles en papel, en el móvil y en tu correo.
  • Dos tarjetas de bancos distintos, guardadas separadas, y los dos bancos avisados.
  • Seguro contratado y su teléfono 24 h apuntado también en papel.
  • Primera y última noche reservadas.
  • Traslado del aeropuerto resuelto si llegas de noche.
  • Itinerario escrito en manos de alguien de casa.
  • Mapa sin conexión, idioma descargado y billetes en el almacenamiento del teléfono.
  • Batería externa cargada.
  • Número de emergencias del país y consulado en los favoritos.

Diez comprobaciones, veinte minutos. Es lo único que separa un primer viaje solo del que se cuenta después como una anécdota mala.

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